miércoles, 12 de agosto de 2009

La vida en el paraiso


Este domingo comprendí que es cierto que vivimos en un "país rico, pero pobremente administrado".Habitamos una isla llena de encanto y de atractivos naturales.

El domingo pasado estuve en una excursión por la provincia de Nagua, al norte de la República Dominicana, y quede sorprendido con la belleza de las playas de esa zona.

Nuestro viaje inicio muy temprano, pues salimos de la capital a eso de las 6:30 de la mañana, aunque la salida estaba pautada para las 6:00, así son de puntuales muchos dominicanos.

Para ahorrarnos unas 3 horas de viaje tomamos la nueva carretera que conduce a Samaná, por lo cual nuestro viaje que pudo ser de cinco horas se redujo a sólo tres, realmente genial!

El recorrido por la nueva carretera nos brindo un respiro, ya que dejamos atrás el paisaje lleno de edificaciones típicas de la zona urbana y deleitamos nuestra vista con la vegetación de la zona.

Una vez que llegamos a Nagua, el mar azul nos dio la bienvenida. Agua, sol, arena y palmeras, que belleza.

La playa a la que nos dirigimos estaba a unos 30 minutos del centro de Nagua, en la comunidad de cabrera. Allí terminamos de confirmar que vivimos en un paraíso, ya que era una zona donde el mar y el río se unían en amoroso beso.

Realmente pasamos un día muy placentero. Lo primero que hicimos fue tomar unas lecciones de natación, con nuestro instructor, quien nos enseñó a nadar en el río, e incluso a saltar desde lo alto de un puente. Algunos estuvieron a punto de entrar en pánico. Más tarde fuimos a nadar a la playa, donde las olas hicieron de las suyas con nosotros que eramos principiantes.

Finalizadas la clases, pasamos el resto de la mañana nadando a nuestras anchas. Llegada la hora de almorzar, pudimos degustar un rico moro de habichuelas rojas con pescado frito, preparado por moradores de la zona.

Ya a las 4:00 de la tarde nos llego la hora de decir adiós a ese paraíso encantado, cosa que no nos gusto mucho, pero teníamos que volver a nuestra realidad. Algunos hicieron la promesa de volver tan pronto como puedan, y otros nos llevamos el recuerdo de haber pasado un día en el paraíso.